Cada vez hay menos cosas por las que llorar, ¿te das cuenta?
No hacemos viejos, se nos oxida el alma,
y ya ni siquiera duelen los recuerdos.
Ya no se me aguan los ojos al verte marchar,
ya no duele tanto si las cosas terminan.
Nos hemos acostumbrado al nudo en la garganta,
tanto, que sabemos hasta deshacerlo.
Nos hemos hecho viejos,
ahora la ausencia me hace compañía,
la soledad es mi gran amiga y, el dolor,
camina conmigo de la mano.
Ya no siento lo mismo por ti, amor mío,
porque tristemente, hemos envejecido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario