miércoles, 14 de mayo de 2014

Desnudo.

Desde una ventana pequeña lo miraba, aunque no estaba allí.
Percibía el dolor en su mirada, el rasguño feroz de la vida,
la ferviente soledad, el llanto, sordo pero sobrecogedor,
el nudo, mudo, pero que le llenaba el alma.
Y  podía ver también su lucha, su ira, su rabia,
cada uno de sus demonios intentando devorarlo,
pero él luchaba, sin esperanza, sin sentido, sin razón, luchaba.
Porque había amado alguna vez, porque había sido amado alguna vez,
porque le habían hablado de una tal "felicidad",
y él tenía que encontrarla, sin duda, antes de morir, había de encontrarla.
Entonces vio que ella lo miraba, que veía todo, lo que nadie veía,
lo que jamás alguien había visto, ella lo veía, y el lo sabía.
Y se pregunto, si quizás eso era la felicidad,
si quizás una sonrisa de complicidad, la comprensión, la aceptación,
quizás eso, sentirse desnudo, no como los niños al venir al mundo,
si no como el hombre que era enfrente de su futuro, desnudo,
en cuerpo y alma, desnudo,en espíritu, quizás eso,
 eso que le daba tanto miedo, era la felicidad.

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