martes, 28 de febrero de 2017

Derecho...

Me rompes el alma y me dan ganas de gritar, de llorar, de pegarte, de odiarte, de amarte más.
Me dan ganas de preguntarte: «¿Quién coño te crees que eres para hacerme sentir así, para romperme?». Al rato la razón actúa y me recuerda que estás en tu completo derecho de romperme, de dejarme, de marcharte, de matarme, de no quedarte, de no amarme y hasta de no valorarme.
Sin embargo, duele con cojones, duele que te vayas sin decir nada, que no te importe en absoluto, que me rompas como si de aquella copa de vino se tratara. Y te vas, con todo el derecho que tienes a irte, sin acordarte de mi, de mi amor y de mi vida, de mi dolor, de mis ganas de ti, de mi locura, de cuánto te quiero, de lo poco que has sabido esperarme, de lo poco que te ha costado marcharte, de lo mucho que sabes que me vas a extrañar...y lo entiendo, te juro que lo entiendo.

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